
En un hotel, la energía es una de las principales partidas de costes después del personal, pero también es el gasto que se puede reducir sin que los huéspedes lo noten, siempre que se actúe en los puntos adecuados.
La condición es clara: una habitación fría o una ducha templada acabarán reflejándose en una reseña, y una reseña vale más que cualquier ahorro en la factura energética. Por eso, en el sector hotelero, la gestión energética comienza con los datos, no con los recortes.
El consumo energético de un establecimiento hotelero se distribuye en cuatro áreas: climatización de los espacios, agua caliente sanitaria, iluminación y servicios como la cocina y la lavandería.
Como referencia útil, según los datos del sector recogidos por QualEnergia, un hotel consume de media alrededor de 52 kWh por noche y huésped, y la producción de agua caliente representa aproximadamente una cuarta parte del consumo energético interno del establecimiento.
Sin embargo, el dato más interesante es otro. En el mismo análisis, un hotel de 22 habitaciones del norte de Italia registraba más de 1.500 euros mensuales en energía incluso en temporada baja, frente a unos 5.000 euros en los meses de invierno. En otras palabras, una parte importante del gasto no depende de los huéspedes, sino de cómo funciona el establecimiento cuando está medio vacío.
Ninguno de estos problemas requiere una inversión para corregirse. Sin embargo, primero hay que detectarlos, y para ello es necesario medir.
Esta es la principal diferencia respecto a una oficina. En un hotel no se pueden subir dos grados las consignas de temperatura en verano para ahorrar: el coste se traslada a la reputación.
El enfoque eficaz es el contrario: medir conjuntamente el consumo energético y las condiciones interiores (temperatura, humedad y calidad del aire), para evaluar cada intervención desde ambos puntos de vista.
Si un ajuste de la regulación reduce el consumo y mantiene las condiciones de la habitación, es un buen ajuste. Si empeora el confort, se revierte antes de que lo note un huésped.
| Qué | Por qué | Indicador útil |
|---|---|---|
| Energía por habitación ocupada | Permite comparar periodos con diferentes niveles de ocupación | kWh por habitación ocupada y noche |
| Consumo base nocturno | Muestra cuánto consume el establecimiento independientemente de los huéspedes | kW medios durante las horas de actividad mínima |
| Agua caliente sanitaria | Es la partida de mayor peso y la más relacionada con la ocupación | Energía térmica para producir agua caliente sanitaria, consumo de agua por habitación |
| Agua | Las pérdidas en un establecimiento abierto las 24 horas se detectan tarde | Caudal mínimo nocturno, véase monitorización del agua en hoteles |
| Confort en habitaciones y zonas comunes | Comprueba que el ahorro energético no empeore la experiencia del huésped | Temperatura, humedad y CO2 en las zonas comunes |
La instrumentación necesaria se describe en la guía sobre contadores inteligentes y sensores IoT: subcontadores en los principales suministros, sondas ambientales en habitaciones representativas y zonas comunes, y contadores de agua en los circuitos relevantes.
Por orden de relación entre resultados e inversión:
Según el análisis sectorial citado anteriormente, las medidas individuales permiten ahorrar alrededor del 12,5 %, mientras que la combinación de varias intervenciones puede alcanzar aproximadamente el 22 %.
Las residencias de estudiantes comparten con los hoteles la estructura del consumo (habitaciones, agua caliente sanitaria y zonas comunes), pero existen dos diferencias que cambian la forma de trabajar.
La primera es la ocupación, mucho más estable y previsible: se trabaja por periodos académicos en lugar de por noches vendidas, lo que facilita configurar la regulación horaria.
La segunda es que quienes consumen no pagan la factura. Las ventanas abiertas con la calefacción encendida, las luces permanentemente encendidas en las zonas comunes y las duchas largas no tienen un freno económico directo.
En este caso, la solución no es únicamente técnica: la submedición por planta o bloque permite identificar zonas con consumos anómalos y, en algunos casos, compartir los datos con los ocupantes puede modificar por sí solo sus hábitos.
Por lo demás, se aplican los mismos indicadores: consumo por cama ocupada, consumo base nocturno y agua caliente sanitaria.
Los hoteles rara vez disponen de un BMS: el coste de un sistema cableado tradicional no se amortiza en establecimientos de tamaño medio. Este es precisamente el contexto en el que trabaja el software de gestión energética de UTwin. El principio fundamental —medir antes de intervenir— se aplica a cualquier inmueble y se describe en la guía de gestión energética.
La plataforma ofrece contadores inteligentes y sensores IoT para energía, agua, gas, temperatura, humedad y CO2, recopila los datos en la nube y los muestra sobre el plano del establecimiento.
La IA integrada regula los sistemas a distancia según el clima exterior y la ocupación de los espacios, mientras que el software de mantenimiento integrado convierte una anomalía en una tarea asignada al técnico antes de que se transforme en un problema para el huésped.
Cuando ya existe un BMS, la plataforma se integra con él y amplía sus automatizaciones. Cuando no existe, funciona como un BMS ligero, con una inversión de capital hasta un 70 % inferior a la de los sistemas tradicionales. Los hoteles y alojamientos turísticos son algunos de los tipos de edificios en los que esta diferencia es mayor.
Depende del establecimiento y de su situación inicial. Los datos del sector indican ahorros de alrededor del 12,5 % con medidas individuales y cercanos al 22 % al combinar varias medidas. Para obtener una estimación fiable de un establecimiento concreto, es necesario medir el consumo actual durante al menos una temporada.
Midiendo conjuntamente la energía y las condiciones interiores. Se actúa sobre aquello que los huéspedes no perciben (habitaciones vacías, zonas de servicio, horarios de funcionamiento de los sistemas y recirculación del agua caliente) y se utilizan sensores para comprobar que la temperatura, la humedad y la calidad del aire se mantienen sin cambios en las zonas ocupadas.
El consumo energético por habitación ocupada, que permite comparar periodos con diferentes niveles de ocupación. Junto a este indicador, el consumo base nocturno muestra cuánto consume el establecimiento independientemente de los huéspedes.
Un BMS tradicional rara vez se amortiza en un establecimiento de tamaño medio. Las soluciones en la nube con sensores inalámbricos cubren las mismas funciones esenciales —monitorización y regulación a distancia— con una inversión inicial mucho menor.
El primer dato que hay que revisar en un hotel es el consumo energético durante las noches de baja ocupación. Si un establecimiento medio vacío consume casi tanto como uno lleno, ahí se encuentra el margen de ahorro, que puede conseguirse ajustando los horarios y la regulación antes de realizar cualquier inversión.
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