
Un almacén consume poca energía por metro cuadrado en comparación con una oficina, pero tiene muchos metros cuadrados y volúmenes enormes. El resultado es una factura energética considerable, generada por unas pocas partidas de consumo muy concentradas.
La buena noticia es que en logística los desperdicios suelen ser siempre los mismos y se detectan fácilmente en cuanto se mide: iluminación sobredimensionada, calor que asciende hacia el techo, puertas de carga abiertas e instalaciones que siguen horarios distintos de los turnos.
El perfil depende mucho del tipo de actividad, pero hay cuatro partidas recurrentes.
Iluminación. En una nave de gran altura, las luces permanecen encendidas muchas horas y las luminarias se dimensionan para los pasillos: es la partida eléctrica más importante en la logística a temperatura ambiente.
Calefacción de grandes volúmenes. Calentar diez metros de altura para que las personas estén cómodas a dos metros es un problema físico antes que de instalaciones.
Refrigeración. En la logística de frío todo cambia: las cámaras y antecámaras se convierten en la partida dominante, y su gestión se parece más a la de un supermercado que a la de un almacén.
Manipulación de mercancías. Las carretillas elevadoras y transpaletas eléctricas concentran la recarga en pocas horas, a menudo por la noche, generando picos de potencia que incrementan los costes.
| Qué | Por qué | Indicador útil |
|---|---|---|
| Electricidad por zona | Separa iluminación, manipulación de mercancías, oficinas y refrigeración | kWh por zona y por metro cuadrado |
| Energía térmica | La calefacción de grandes volúmenes es la partida menos controlada | Consumo normalizado por grados-día |
| Temperatura a distintas alturas | Permite visualizar la estratificación térmica | Diferencia entre la temperatura a nivel del suelo y bajo la cubierta |
| Recarga de vehículos | Los picos de potencia afectan a los costes | Potencia máxima demandada y franja horaria |
| Consumo base | Muestra qué permanece encendido cuando el almacén está parado | kW medios durante las horas sin actividad |
Las herramientas son las descritas en la guía sobre contadores inteligentes y sensores IoT: subcontadores en los cuadros eléctricos de cada zona y sondas ambientales a distintas alturas.
El criterio de prioridad sigue siendo el descrito en la guía sobre mejora de la eficiencia energética: primero la gestión y la regulación, después las instalaciones y, por último, la envolvente del edificio.
Un almacén rara vez dispone de un sistema de supervisión: hay pocas instalaciones y se controlan localmente, por lo que nadie sabe qué ocurre por la noche o durante los fines de semana. El enfoque general, válido para cualquier tipo de inmueble, se explica en la guía de gestión energética.
El software de gestión energética de UTwin cubre esta carencia mediante contadores inteligentes y sensores IoT que pueden instalarse sin detener la actividad, datos recopilados en la nube y visualizados sobre el plano del emplazamiento, alertas de anomalías y control remoto de las instalaciones según el clima exterior y la ocupación.
El software de mantenimiento integrado (CMMS) resulta especialmente útil en logística, donde la parada de una cámara o instalación afecta inmediatamente a las operaciones: la anomalía se convierte en una intervención asignada y trazable, siguiendo la lógica del mantenimiento predictivo.
Casi siempre, la iluminación: LED con sensores de presencia y zonificación de los pasillos, porque las luces permanecen encendidas muchas horas y no existen las mismas exigencias de confort que en otros sectores.
Actuando sobre la estratificación térmica mediante destratificadores o sistemas radiantes que calientan a las personas y no el aire bajo la cubierta, y adaptando los horarios a los turnos reales. Medir la temperatura a distintas alturas permite demostrar el problema.
Sí, especialmente para conocer el consumo base y los picos de recarga de los vehículos. Son dos partidas que no se distinguen fácilmente en la factura y que a menudo tienen más impacto que las intervenciones en la envolvente del edificio.
Es el tipo de edificio en el que el autoconsumo ofrece mayores beneficios, gracias a la superficie disponible y a la coincidencia entre producción y consumo diurnos. La evaluación debe realizarse después de reducir los desperdicios, no antes; de lo contrario, la instalación se dimensionará sobre consumos inflados.
En un emplazamiento logístico, el primer dato que hay que revisar es el consumo durante las horas sin actividad. Si un almacén parado consume una parte importante de lo que consume a pleno rendimiento, ahí está el potencial de ahorro y puede aprovecharse sin realizar inversiones.
Material útil